Con el inicio de los sesenta cuando Fuenlabrada aún era un pueblecito agrícola y ganadero de pocos habitantes, una joven salmantina de poco más de veinte años llegó para hacer realidad su sueño: ser maestra, enseñar todo aquello que sabía y ayudar a la cultura en tiempos de duro trabajo y poca escuela.

Doña Fabri dió sus primeros pasos como maestra en el salón de su casa con una escuela de adultos. En poco tiempo, con su escuela unitaria, se convirtió en la primera mujer titular del primer colegio privado de Fuenlabrada.

Llegados los setenta e impulsado por el vertiginoso crecimiento de la población, el Colegio creció y se trasladó a un local más grande que pudiese acoger a los nuevos alumnos. También fue en esta etapa cuando consiguió que el Ministerio concediera el concierto al 100% en el año 1976.

A finales de los ochenta el alumnado aún en crecimiento se repartía entre dos locales: “el colegio de arriba” y “el colegio de abajo”.

Diez años después se produjo el gran cambio físico para el Centro. Su marido, otro salmantino llegado a Madrid con sueños cumplidos y otros por cumplir, construyó el Virgen de la Vega que él mismo había diseñado, quedando atrás el alquiler de locales y los patios de recreo naturales.

Desde entonces el número de alumnos ha ido aumentando gracias a la confianza de las familias que nos han elegido, llegando en la actualidad a tener el Centro doble línea en todas las etapas.

A lo largo de todo este tiempo el espíritu del proyecto inicial se ha ido engrandeciendo gracias a la vocación y al  tesón de todos los profesionales que han trabajado y trabajan por y para el Colegio Virgen de la Vega, con Doña Fabri a la cabeza.